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  • Respeto:

El respeto suele parecer un concepto obvio.

Pero en la práctica, muchas veces sabemos qué significa respetar hasta que nos toca enfrentar una situación que nos molesta. 

Respetar no significa pensar igual, tampoco significa estar de acuerdo, significa reconocer que la otra persona merece ser tratada con consideración, incluso cuando existe una diferencia.

Respeto también es:

  • escuchar una opinión diferente;
  • no ridiculizar un error;
  • respetar los turnos de palabra;
  • evitar comentarios humillantes;
  • cuidar la forma en que entregamos una crítica;
  • respetar límites;
  • reconocer el aporte de otros;
  • no utilizar información personal para dañar a alguien;
  • tratar a las personas con la misma consideración independientemente de su cargo.

  • Dignidad:

La dignidad por su parte, nos recuerda algo básico:

que, el valor de una persona no depende de su cargo, productividad, antigüedad ni posición dentro de la organización.

Por eso, frases como:

“Aquí mando yo.”

“Tú eres nuevo, así que no opines.”

“Con ese sueldo no tienes derecho a reclamar.”

Pueden representar una forma de deteriorar las relaciones laborales aunque quien las pronuncie las considere simplemente “parte de la cultura del trabajo”.

La legislación y las orientaciones laborales actuales en nuestro país, sitúan la dignidad de las personas como un elemento central de las relaciones laborales respetuosas.

  • Reconocimiento:
El reconocer también es parte de hablar de buen trato. A veces pensamos que reconocer significa dar un premio y no necesariamente. Reconocer puede ser tan sencillo como decir:

“Gracias por apoyarme con esto.”

“Tu aporte en la reunión fue importante.”

“Sé que tuviste poco tiempo y aun así lograste sacarlo adelante.”

El reconocimiento permite visibilizar los aportes que muchas veces damos por obvios.

Lo que damos por obvio en un equipo puede ser justamente lo que más necesitamos reconocer.